Una mala alimentación, escasa hidratación, debilidad muscular del brazo y antebrazo, un exceso de entrenamiento o la falta de estiramientos al comienzo y final de la sesión pueden provocar también esta lesión. Mantenerse en forma no sólo consiste en hacer ejercicio, sino en llevarlo a cabo de forma correcta e inteligente para que tu cuerpo no sufra ningún estrés añadido.