“Durante los meses más fríos aumenta el apetito, nos apetecen más carbohidratos y ‘alimentos reconfortantes’ que nos provocan saciedad, letargo y a menudo están relacionados con el ‘calor del hogar. Esto probablemente se debe a los cambios en la química del cerebro provocados por el cambio en las estaciones y alteraciones en el ritmo circadiano, el reloj biológico del cuerpo. Por eso apetecen alimentos más energéticos y con mayor densidad nutricional”, explica.
1. Té verde
Ya hemos visto las propiedades de las infuesiones para neustra salud, y hoy resaltamos especialmente el té verde, ya que es rico en polifenoles, concretamente en catequinas, un antioxidante más potente que las vitaminas C y E, y hasta 100 veces más beneficioso para proteger nuestras células. El té matcha sería el ideal, tiene más nutrientes, y es 17 veces más antioxidante de que las moras azules y más que el chocolate negro (siete veces más).
2. Aceite de coco
Este tipo de aceite ayuda a la digestión y protege nuestro estómago de hongos, bacterias y virus, especialmente en invierno que las toses están por todas partes y cuando pillas un resfriado parece que no se quiere ir nunca.