El peso en orden de marcha del BMW i8 es inferior a 1.490 kilogramos distribuidos equitativamente entre ambos ejes. Para ello, se ha distribuido el peso de los diferentes componentes mecánicos para lograrlo, como por ejemplo la batería, que está montada en la parte central inferior del coche, logrando que el centro de gravedad sea muy bajo.
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La utilización del material PRFC ha permitido la reducción de peso, en torno a un 30%, en comparación con el acero y en un 30 % en comparación con el aluminio, obteniendo la misma rigidez.