A largo plazo, este síntoma podría convertirse en un círculo vicioso en el que necesitemos el porno para gobernar nuestro cuerpo. La revista PloS One y la Universidad de Cambridge realizaron un estudio que descubrió que el cerebro de un adicto al porno puede ser comparado con el de un alcohólico o un drogadicto. Además, en su investigación comprobaron que el cuerpo estriado de nuestro cerebro, centro de las recompensas, se iluminaba de la misma manera en alcohólicos y adictos al porno cuando se mostraba su anhelado objeto de deseo. Pero tal vez lo más drástico es lo que encontraron los científicos alemanes. En un estudio del Instituto Max Planck los investigadores descubrieron que el volumen de materia gris disminuía conforme la cantidad de imágenes explícitas que se observaban. Ver demasiada pornografía, asegura, disminuye el tamaño de nuestro cerebro.