Ahora imagina que has tenido una magnífica noche, te has levantado a hacer el desayuno a tu familia y sales de casa con tiempo de sobra. Paras en cada paso de cebra y observas la sonrisa de agradecimiento que te dedica cada peatón por dejarle pasar. Niños, madres, padres, abuelos… Todos te dan las gracias y te sonríen. Excepto uno que pasó sin mirar – debía ir con prisa -.