Los problemas empezaron en cuanto fijaron la fecha de la boda. Dani se convirtió en víctima de continuos ataques de pánico prematrimonial. Dudas, estrés y ansiedad eran el pan de cada día, pero todos le insistíamos en que aquello era lo más normal del mundo. Pretendía casarse, ¡cómo no iba a estar nervioso!