Por lo regular se sigue una regla: vino tinto para carnes rojas; vino blanco para carne blanca, como las aves. Pero no es tan sencillo, porque como en el caso de los pescados, hay que definir el tipo de carne del ave y los ingredientes con los que fue elaborado; no es lo mismo un pollo asado que un pollo cocinado con alguna salsa. Para el primero, se usan los vinos blancos secos, pero no ácidos, y esto a plica también para el pavo. Para un pollo con salsa, la elección debe ser de un blanco ligero o medio, pero de una variedad potente.