Los resultados se resumen en que la hormona activa el centro de gratificación del cerebro masculino, y fortalece así la relación de pareja y el comportamiento monógamo. «Este mecanismo biológico actúa de modo muy parecido a una droga, ya que tanto en el amor como en el consumo de drogas se busca estimular el centro de satisfacción del cerebro», aseguró Hurlemann.