Hasta épocas recientes, cada parroquia en Italia era propietaria de una sala de cine en la que proyectaba lo que le parecía más adecuado.
En la actualidad esto ya no es así, pero sí se mantiene una cláusula que obliga por contrato a muchas de las distribuidoras laicas a acatar las decisiones y “sugerencias” de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI). De ese modo aquellas películas que no cumplen con los criterios de moral que marca la Iglesia acaban por no llegar a las salas de proyección. Con el clero hemos topado.