Durante el evento se suceden los espectáculos. Una asistente vestida de blanco virginal se queda fascinada ante el show erótico entre una especie de sacerdote disfrazado con una máscara dorada y una mujer que lleva una falda de PVC con una cremallera situada en un punto estratégico. En otro lugar de la suite, un varón con el rostro cubierto lleva atada de una cadena a una joven vestida con una capa y un tanga de mínimas dimensiones que se desplaza a gatas con el pecho completamente descubierto. A su paso, la mujer lame las piernas de las otras asistentes: “me encanta ser una gatita”, ronronea: “¿no te gustaría acariciarme?”