¿Quién, en realidad, denigra este oficio?
El trabajo lo denigra cualquiera que hable sin tenernos presentes, que nos traten como personas de segunda categoría, nos reduzcan a objetos sin poder de decisión o sin derecho para disfrutar de nuestra sexualidad según nos apetezca. Si contamos esa historia una y otra vez, en eso se convierten las putas. Nos creemos el estigma y vivimos con él cuando tenemos una doble vida por miedo al rechazo social.