Vivimos en un mundo muy polarizado en el que nunca nadie quiere ceder. ¿Por qué nos cuesta tanto cambiar de opinión?
No nos han enseñado a cambiar. Los humanos pensamos que está mal no ser fiel a uno mismo. La gente cree que cambiar de opinión es traicionar el legado de los antepasados, y no nos atrevemos a hacerlo porque lo asociamos a algo malo.