La actividad que más desencadena la pérdida de masa grasa son los entrenamientos aeróbicos o cardiovasculares. En ellos el corazón bombea de forma acelerada y la sangre viaja a las extremidades para activar la musculatura. Durante los primeros minutos las fibras musculares se alimentan de la gasolina almacenada en el hígado y en el propio hígado.