Este mal hábito puede provocar pequeñas infecciones en la cutícula que rodea la uña; daños en los dientes y, con el paso de los años, hasta molestias en las articulaciones de los dedos. Por si todo esto fuese poco, si te las «comes» desde hace tiempo, lo más probable es que tus uñas crezcan de forma irregular (torcidas o «a capas»).