Sus aguas, que discurren a los largo de 900 kilómetros y fueron tildadas históricamente como “las indomables” por sus fuertes corrientes y curvas cerradas, han sido suavizadas por varias presas. Quizá sea esta comunión perfecta entre el río, la mano del hombre y las bendiciones que sus aguas le otorgan al paisaje circundante, la que nos permita disfrutar de un crucero inolvidable como el biológico del Duero.