La dificultad está en que no solo la ingerimos al beber un vaso de agua, también mientras tomamos un té o una infusión y cuando comemos ciertos alimentos como las frutas. «La propia limitación reside en saber cuál es la fuente que nos proporciona el agua. Pero hay indicadores bioquímicos, sobre todo en orina, que es la osmolalidad urinaria, que nos permiten conocer la hidratación al estar muy relacionada con el consumo de bebidas y de agua. Cuando estos indicadores están bajos es signo de que hay una deshidratación o una hipohidratación, con lo que sabemos que hay un riesgo de una forma más objetiva”, concluye Serra.