Ponte manos a la obra, estableciendo un adecuado plan de alimentación en el que las grasas (especialmente las saturadas) estén limitadas. ¡Ojo! no se trata de iniciar una dieta espartana, sino de alimentarte de forma equilibrada, de tal forma que la ausencia de nuevas grasas ingeridas haga que tu organismo «tire» de las que ya tiene acumuladas en forma de «michelín».