Ambas están dirigidas por la glándula de la tiroides, que marca un ritmo más lento o acelerado de consumo. “Esto es lo que conocemos y ha evolucionado poco en la historia. Nuestro cuerpo se amolda a gastar menos en ayuno y más cuando sabe que no le van a dejar de entrar calorías”, concede Bravo. Eso explica que en una dieta hipocalórica se pierdan más kilos al principio que más adelante, cuando el cuerpo “se ha acostumbrado” a esa ingesta.