Todos hemos oído en algún momento de nuestra vida historias de cariz legendario sobre inacabables sesiones de sexo que duran horas, una noche entera, un día sin parar, un fin de semana completo dándole. Algunas de ellas tienen como protagonistas a famosos –por lo general, sexo tántrico mediante–, pero otras han salido de boca de nuestros allegados. Es una carta de presentación bastante fantasma (y rancia): “Mirad qué bueno soy…”