Para otros, esta teoría no sólo es idílica e irreal, sino ridícula, puesto que el hecho de ganarse el pan con el sudor de la frente contra todos los pronósticos, nunca ha cambiado, y de hecho, es tanto o más sacrificado que antes. Por ello, se considera demasiado utópico, y hasta infantil, decir que deberíamos aprender a disfrutar con nuestros trabajos. Sería un estado ideal, y según algunos expertos, no es imposible de conseguir.