Para ello, lo primero que hay que hacer es sentarse uno enfrente del otro mirándose a los ojos. Una vez así, se empieza a acariciar el cuerpo de la persona que tenemos delante, siempre uno frente al otro y sin dejar de lado la respiración. «Es muy difícil mantener la mirada, nos suele provocar mucha vergüenza», comenta Gallotti. Prestar atención a la respiración es clave para equilibrar los cuerpos, para relajarlos y para que así «el sexo empiece a ser algo tranquilo, sosegado y no una competición», añade.