Según un estudio realizado por el psicólogo Benjamin Charlton de la Universidad de Sussex en Brighton (Inglaterra), las preferencias sexuales de las mujeres cambiaban durante su ciclo menstrual y, en el punto más fértil del ciclo, preferían compositores de música más compleja, que quizá podrían ser considerados parejas más capaces. Darwin consideraba la selección sexual como auxiliar de la selección natural era la «supervivencia del más sexy«, sin importar que los atributos sexuales tuvieran otras ventajas para la misma. Según esta hipótesis, la destreza en el canto y la creación de música funcionaría como la cola del pavo real: inútil, incluso una molestia, pero un reclamo de atención.



















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