Por eso, no vale con soltarle al otro que tiene que mostrar más ardor. Hay que enseñarle qué es para nosotros ser más apasionado. Una vez encontrado el placer muchas parejas se sienten liberadas al dejar atrás una gran cantidad de prejuicios que les atenazaban.

Hay que entender también que la disminución del deseo puede ser un síntoma más que un problema en sí. Cuenta Michael Aaron, terapeuta afincado en Nueva York: «A menudo estos problemas están causados por circunstancias de la relación (sentimientos de ira, resentimientos, traición…) que necesitan ser resueltos antes de que se puedan abordar realmente las dificultades sexuales. A veces tengo que ayudar a las parejas a expresar sus anhelos directamente o hacerles ver el punto de vista del otro desde una posición menos defensiva. Cuando la relación se repara, los problemas sexuales suelen mejorar ellos solos».
2. «Mi pareja es un obseso sexual»
En el lado opuesto al anterior se encuentra el problema del compañero al que le resulta complicado controlar sus impulsos más elementales.