El placer, la risa y el miedo se originan en la misma región cerebral. Prueba de ello es que, mientras algunas sustancias como la anfetamina o la cocaína amplifican los efectos de la dopamina y estimulan la necesidad de buscar rápidamente apareamiento, ciertas medicaciones, como los antipsicóticos o los antidepresivos, bloquean la producción de dicha hormona, lo que provoca que se sienta un menor deseo sexual.