Dicha activación tiene como objetivo la estimulación de los genitales y que el hombre (o la mujer) busquen satisfacer su repentina urgencia sexual a través de la búsqueda de un objeto de deseo; prueba de ello es que, una vez los genitales se encuentran en funcionamiento, la amígdala ya no es tan activa. Algo semejante ocurre cuando tenemos hambre, que la amígdala nos empuja a buscar comida para satisfacer dicho impulso. Así que vale, ya estamos calientes, ¿ahora qué?
Dopamina, el neurotransmisor del deseo
El deseo se moviliza a través de la dopamina, una hormona que ha sido objeto de debate a lo largo de la historia de la sexualidad. En el pasado se consideraba que esta tenía una relación más directa con el acto sexual en sí, pero diversas investigaciones sugieren que quizá esté más relacionado con la anticipación del placer, una tesis que comparte Chatterjee, que afirma que “la dopamina nos ayuda a anticipar el sexo, pero en sí misma, no causa el intenso pico de placer sexual”.