Aunque no todos se sienten a gusto intimando con su pareja con las legañas aún sin quitar. «Odio el aliento que tenemos nada más despertar. Me echa para atrás. Mi novio cree que soy muy quisquillosa porque le pido que antes de hacer nada vaya a lavarse la cara y los dientes, así que normalmente no solemos tener sexo por las mañanas porque no llegamos a un acuerdo», reconoce Paula (34 años, bióloga).