Flip-Dlop Diptych, 1971
Cuando pintó la primera serie, se dejó llevar por la influencia del impresionismo abstracto con el que había experimentado en España. En la segunda, sufrió una evolución y convirtió la abstracción en realismo, pero sus formas no abandonaron la fuerza de la expresión y continuó usando colores potentes y no naturales para dar intensidad a las escenas.
Su obra grita a los cuatro vientos que el sexo es cosa de dos y que solo tiene valor cuando ambos se respetan como iguales. El cuerpo masculino pesa sobre el de la mujer, mientras las manos de ella rompen con los clásicos tabúes de lo moral y lo prohibido. De esta manera, Joan Semmel transforma al espectador en un voyeur que no puede evitar sentir excitación al observar como sus amantes se mueven.



















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