«Es beneficioso, porque nos ayuda a ver la cara buena de la realidad, a disfrutar y compartir el ingenio con los demás. Y también, en muchas ocasiones, nos reímos de las penas, lo que propicia separarnos un poco de ellas y sobrellevarlas mejor. Por otra parte, es una forma de relacionarnos con las personas que conocemos y jugar con la realidad para divertirnos o que no nos oprima tanto», añade.