¿Cerebro convencido? Sí, pero no en todas las ocasiones. Otro estudio de la Universidad de Michigan camina en la misma senda y pone su foco en la «distorsión de la memoria”, avalando la idea de que, cuanto más repite uno su opinión, más opciones tiene de persuadir a los demás. Pero, como en el caso anterior, este también atiende a las ideas transferidas por otros, y no a las que nacen de uno mismo. “La realidad de estas sentencias no se conoce, y tu cerebro no tiene con qué contrastarlo. Por eso, a base de repetírselo, el otro logrará que termine ‘viéndolo’ en su mente, reforzando sus conexiones neuronales y acabando por tornar en real algo sobre lo que, al final, no tiene datos”, explica Trejo. No queda otra que creerlo. Porque el cerebro se predispone a hacerlo, y él tiene más autonomía de la que uno puede imaginar.