Primero veamos cómo debemos convencernos. Numerosos estudios se han ocupado de demostrar que, efectivamente, repitiendo una frase hasta la saciedad, aunque esta no sea cierta, termina por ser asumida como tal. Ya en los años 70, un equipo de investigadores constató cómo el cerebro dota de verosimilitud cualquier idea si es machacada insistentemente. Primera ‘ley’ corroborada. Aunque aquí asoma el primer ‘pero’.