Empezaron a hablar de algo con lo que me sentía muy identificada: los puntos débiles. Un punto débil es aquella persona que, pasan 364 días sin verla y sigues con tu vida felicísima de la muerte, pero que la ves al 365 y todo se desmorona a tu alrededor. Esa persona que, años después de vuestro último beso, polvo, o lo que quiera que sea que habéis tenido, te sigue escociendo que esté con otro.