Siempre me he juntado con mucha gente diferente y eso me ha delegado un papel orbital, casi pasajero entre unos y otros, pero con la distancia suficiente para que te salpiquen las verdades más desagradables. Esas que no van contigo pero de las cuales te acabas enterando, porque uno: la gente no sabe guardar secretos. Y dos: como decía mi abuelo, «ven antes el humo los que están fuera que el fuego los que están dentro».