Los labios carecen de melanina (no se ponen «morenos» y sufren directamente la acción de los rayos solares) y, en ellos, la presencia de glándulas sebáceas y sudoríparas, que podrían aportarles hidratación y elasticidad, es prácticamente nula.
Los labios carecen de melanina (no se ponen «morenos» y sufren directamente la acción de los rayos solares) y, en ellos, la presencia de glándulas sebáceas y sudoríparas, que podrían aportarles hidratación y elasticidad, es prácticamente nula.