La vigencia de la agenda

Decir que estamos en la era de la digitalización ya queda muy antiguo. Hace una década tenía más sentido, hoy en día prácticamente todo se ha digitalizado. Poco ha sobrevivido a este proceso que tanto avance ha generado. Quizás los libros siguen resistiéndose bastante.

Muchos se niegan a abandonar el hábito de pasar páginas de papel al leer y prefieren tener su pequeña biblioteca en casa, aunque los ebooks cada vez están cogiendo más fuerza en el mercado. Con la prensa ocurre algo parecido, conviven los medios digitales con ediciones en papel que probablemente estén condenadas a desaparecer en un futuro. Y un tercer elemento en cuestión de uso cotidiano que mantiene este tira y afloja entre el papel y lo digital es la agenda.

Disponemos de innumerables versiones de agendas digitales en móviles, tablets y ordenadores a través de aplicaciones y programas informáticos. Aún así, todavía muchos preferimos organizar nuestro tiempo con papel y boli. Llevar nuestro planning diario o semanal plasmado en nuestra agenda, con sus tachones, sus post-it y sus páginas repletas de anotaciones tiene su encanto.

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