Me contestó que no fumaba, y toda la magia que había percibido antes se evaporó. Le volví a insistir, pensando que por no fumar no debía acabarse ahí la cosa, pero el chico parecía más incómodo que complacido. Me extrañó, porque mis amigos hombres no paran de echarme en cara lo fácil que lo tenemos las mujeres para ligar, y a mi ese chico me había hecho sentir como una acosadora.