Le pillé mirándome un par de veces. Bingo. Sus ojos parecieron decir sí y pensé: ¿por qué esperar a que venga? Me acerqué decidida, pero al colocarme a su lado me di cuenta de que no había ni pensado en qué iba a decirle, así que dejé paso a la improvisación. «¿Me acompañas fuera, a fumar?», pregunté con la voz más sexy que pude encontrar en mi registro.