En mi opinión, estamos ante un caso de la teoría de los opuestos: un hombre activo, un depredador para el que la caza es más importante que la presa. No interesa que el objeto de deseo se presente a nuestra puerta con un lacito rosa. La magia del deseo está, precisamente, en conseguir algo que no tenemos. Es un reto, no son sentimientos. Mi amiga se lo estaba poniendo demasiado fácil a Hugo, de la misma manera que yo se lo puse fácil al chico de la discoteca.