Pero llegó la revolución tecnológica, y con ella nuevos campos a explorar y nuevas posibilidades en cuanto a jugabilidad que dejaron el desarrollo de aventuras de corte clásico en la estacada. El sistema de juego seguiría integrado en otros géneros, pero la acción y el frenesí iban dejando a un lado a la lógica y al razonamiento, mientras que las nuevas generaciones de usuarios demandaban nuevas experiencias.