El propietario del edificio, Jerry Wolkoff, ha decidido construir allí cerca de 1.300 apartamentos de lujo. Pero antes de demolerlo lo ha repintado de blanco porque «era lo más humano que podía hacer». Según declaraciones que recoge el New York Times, Wolkoff dice que ver cómo se demolían las obras de arte una a una hubiese sido una «tortura».