Lo cierto es que no toda sentada para meditar se traduce en una experiencia trascendental. Lo mismo sucede con los orgasmos.
Lo importante es que potencialmente el clímax sexual es siempre una posible vivencia meditativa y cuando se despliega por completo nos aporta además de placer físico una sensación de disolución de nuestros límites individuales, de unión con nuestra pareja sexual o con todo lo que nos envuelve.