Fue pionera en unas poses explícitas en las que combinó dulzura e ingenuidad con una poderosa carga sexual plagada de guiños fetichistas y sadomasoquistas. Page fue para los progresistas catalizadora de la revolución sexual que llegaría en los sesenta. Para los conservadores un pernicioso y activo agente que impulsó el negocio de la pornografía que ella acabaría por abandonar abruptamente.