Lo que está claro es que “cuanto más en forma se está, mejor vida sexual se tiene. Los extremos siempre son negativos, y esas personas obsesionadas con el deporte verán alterada su libido, aunque les sucedería lo mismo si se obcecaran con su trabajo, por ejemplo”, matiza Romero-Otero. Porque todo en exceso es malo. Por eso, el equipo de expertos americanos ha asumido el compromiso de elaborar nuevos experimentos que complementen sus conclusiones, tratando de no establecer como ley inamovible esta relación entre el ejercicio intenso y la falta de apetito sexual.