De hecho, está comprobado que las compañías que no apuestan por instaurar, desvelar, compartir, y mantener con firmeza unos determinados principios morales, ven más tarde o más temprano -y como si de una reprimenda se tratara-, cómo sus problemas con clientes y empleados se multiplican, se enrarecen, y se tornan muy difíciles de encauzar.