Por todo esto, aunque a veces nos parezca que los Bárcenas, los Correas, los Díaz Ferrán o los Urdangarin son los grandes triunfadores, nada más lejos de la realidad. Cada uno de ellos carga con una implacable condena social, y quizá, jurídica; su visita a los juzgados y su protección personal es permanente, y los dedos acusadores están siempre sobre ellos.