Los mentores del nuevo mando lo definen como un dispositivo que tendrá la extraordinaria capacidad de medir las variaciones emocionales del cerebro, las que se producen cuando estamos alegres, tristes, enojados o aburridos. Dichos cambios fisiológicos influyen en el ritmo cardíaco, la respiración, la temperatura o la transpiración corporal. Durante el desarrollo de un videojuego, nuestro cerebro produce estados emocionales tan notorios como variados y los nuevos mandos inventados en Stanford están dispuestos a sacarles provecho.