Al medir la actividad cerebral del participante, el nuevo mando valorará si el jugador requiere mayor exigencia porque se está aburriendo o porque la partida le resulta demasiado fácil. Si su chequeo emocional y neurológico percibe esta situación, el nuevo mando modificará automáticamente el juego, de tal forma que aumente considerablemente el interés y la atención del jugador.