Este sensor no guarda nada en su memoria y una vez que el sistema de descifrado de datos cumple con su función, se olvida por completo de la persona que identificó. Quizá la única desventaja que se le pueda achacar a este increíble dispositivo húngaro-nipón, es que, al detectar la temperatura y la circulación de la sangre, requiere que el individuo en cuestión se encuentre presente en el lugar de la identificación. ¿No nos pedirán mucho esfuerzo, no…?