Otras posibles explicaciones incluyen una interrupción del reloj corporal interno que afecta a la regulación del cuerpo de la leptina (la hormona de la saciedad) y la grelina (la hormona del hambre). La cantidad de restricción del sueño varió entre los trabajos, con los participantes privados de sueño durmiendo entre 3,5 y 5,5 horas en la noche, y los sujetos de control pasaron que pasaron entre siete y 12 horas en la cama.