Fue en 1986 cuando Ron recibió la terrible noticia de que sólo le quedaban 30 días de vida debido a que le virus del SIDA se había apoderado de su cuerpo. El shock inicial hizo que Ron cumpliese dócilmente el tratamiento con AZT, el único medicamento legal de la época para combatir al virus. Cuando sus efectos lo pusieron al borde de la muerte, la rebelión de Ron pasó por el consumo de todo tipo de antivirales, al margen de las prescripciones médicas y de lo estipulado por la sanidad para estos casos.