Está bien exigirnos más y crear mejores alternativas para nuestros jefes o clientes, pero de nada servirán estas promesas si no podemos cumplirlas. Por ejemplo, es mejor dar fechas realistas de entrega que creernos que somos Flash y podemos terminar esa propuesta de 20 hojas en una noche. Aunque lo logres con poco tiempo de retraso, esto desilusionará a tu jefe o cliente, no importa cuánto te hayas esforzado.